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Parkupik, Gran Sabana

Parkupik, Gran Sabana

Yelitza Garcia / y-elicar@hotmail.com

Ver el amanecer en Parkupik, es sentir la majestuosa serenidad de la creación de Dios en la verde naturaleza y en pleno corazón selvático disfrutar de su presencia meditando en su poder hacedor.  Parkupik, el epicentro de la calma bien apreciada donde el canto de las aves se asemeja quizás a los escuchados en el jardín edénico. Caras de luna, ojos abrillantados, sonrisa amplia expresada en simpáticas y amables atenciones a sus visitantes. Cuenta con una escuela-liceo, un ambulatorio Rural Tipo I, un aeropuerto, un infocentro que brinda el acceso tecnológico en tan remoto lugar, producto del trabajo mancomunado de sus Caciques y oriundos. Conformada en su mayoría por jóvenes y niños que se dedican básicamente a la agricultura familiar, algunos gozan del provecho de la explotación minera; aunque su estado de salud muestra contrariedad a lo que se pueda imaginar que proporciona la extracción del oro. Posee una característica única y especial: allí no consumen bebidas alcohólicas, se abstienen de vicios, detienen su faena laboral a la puesta del sol del día viernes hasta el sábado en la noche; ya que un 85% de sus habitantes profesan la fe cristiana adventista y quienes no lo son respetan las normas establecidas como un estilo de vida. Si llega a visitarla, disfrute de su caudaloso río y deguste sus comidas tradicionales (Aurosá, Tumá, Koropakai, Kumache), cante alegremente con los niños y niñas que hablan no solo su lengua nativa sino también inglés, español y portugués. Parkupik, digno ejemplo de la identidad indígena venezolana.

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