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"Chabelita"

"Chabelita"

Isabel Navarro de Moreno “Chabelita”

Su cálido trato, sus manos suaves, sus consejos de madre y abuela la consagraron como Chabelita; la de sin igual modo de brindar amor fraternal.

 Isabel Navarro de Moreno, nació en El Pilar, estado Sucre el 24 de septiembre de 1924.  Hija de Don De La Rosa y Doña Teresa María Navarro Rodríguez. Sus hermanos: Ana María, Daría, Rosa, Ernestina, Cruz y Baudilio. Su sobrina cercana Pilar Cordero, hija de su hermana Ana María. A sus 23 años de edad se casó con Andrés Moreno (reconocido ebanista de la época), con quien tuvo cuatro hijos varones los cuales por causa médica desconocida murieron a pocos meses de nacer. Mujer carismática de carácter firme y mirada franca. Se caracterizó por pisar firme confiada siempre en Dios. De grandes sueños y convicciones inalienables. Gran amiga y fiel a sus creencias espirituales. Dedicó parte de su vida a predicar el evangelio de Jesucristo, aprendido en las Sagradas Escritura; la Palabra de Dios. Su casa fue refugio para muchos pastores, laicos y colportores. De estos últimos siempre defendió con ahínco, pues sentía por ellos un gran amor. Aunque su casa no tuvo lujos, albergaba gran cantidad de personas por más de 60 años. Así mismo su hogar fue lugar pionero de la predicación del mensaje adventista en Maturín. Donde vivieron pastores adventistas como Eliadis Fermín, Cruz Arismendi, Luis Brito, Rojas, entre otros, así mismo como líderes del ministerio juvenil, escuela sabática, Dorcas, como Ángel Rodríguez y su esposa Mary de Rodríguez. Pionera en fundar iglesias como la de Pueblo Libre, San Agustín de La Pica, San Vicente de Sucre, Río Cristalino, entre otras.  Trabajó incansablemente hasta su inauguración en el año 1984 en la Iglesia Central-Maturín, ubicada en la Urbanización Alberto Rabel. Participó en distintos programas de capacitación, seminarios congresos impartidos por la iglesia adventista en diferentes países como Colombia y Curazao. En su casa hospedó y atendió a muchos jóvenes desamparados o que necesitaban apoyo para estudiar (ella los adoptaba en su humilde casa). Compartió con los menesterosos de lo poco que tenía. Su particular estilo culinario le hizo ganar un concurso de arepas que realizó de forma cuadrada no porque se lo propuso sino por lo rápido que las hizo; el joven que las presentó gano primer lugar. Recibió numerosos reconocimientos que certifican su buen desempeño como consejera de jóvenes, ejecutora de proyectos sociales y comunitarios (ayuda económica, alimentaria, médica y espiritual) en diferentes comunidades. Su contribución para la construcción y desarrollo de nuestro país se conjuga en su sueño de niña; de ser Doctora en Medicina y lo vio en cada joven que acarició con sus manos suaves de abuelita y dirigió con sabios consejos para que alcanzara el grado universitario.

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