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Palencia

—  Es la Palencia, tan pequeña, tan sucia, tan fea, tan vieja; que a todos provoca lastimosa compasión…Y la Palencia que no es tan tonta,  aprovecha con decoro tal situación.

—  Y no es que ella sea así porque quiere;

    más, es la vida que ocurre y se inventa, vida tan lenta, perezosa y pintoresca,

    para esta viejecita que se llama Palencia.

—  En Palencia ella vive, en Palencia  tuvo una hija;

    tan grande, tan limpia, tan linda, tan joven…pronto la hija de la Palencia felizmente se vio casada.

—  Esposo cordial, atento y muy mozo

   y angustiado por trabajar,

  dentro de siete meses su mujer a luz dará y como hombre responsable su rol de padre corresponderá;

—  El cuido de su familia que es fuente para de la sociedad.

—  Y la pregunta que no que no falta: ¿Será hembra o varón? ¿Qué será? Pero el esposo dice: -lo que Dios quiera,  bendecido o bendecida será.

—  La vida de los Palencia transcurre sin cesar, entre proyectos y acomodos para una mejor existencia llevar… ya se acerca el parto y no quieren desapercibidos pasar.

—  La Palencia ríe con gusto al observar; el corre de aquí, el corre de allá. El cuarto del bebe que pronto listo estará.

—  La noche está espesa profundo sonidos de cocuyos al cantar melodías de canciones encantadas que a todos hace soñar.

—  Palencia y su yerno, impacientes esperan ya, en la sala del hospital… que sorpresa tan grata… no es un bebe, son morochos los beibis que la hija de la Palencia tendrá, y para completar; hembra y varón nacieron; es decir, el cazar.

—  Alegre esta la Palencia, la loca de aquel berenjenal, quien lo iba a decir, que ésta loca buenos frutos pudiera dar, y es que hay persona que por las apariencia externa se dejan llevar.

—  La Palencia loca y todo, hasta nietos tiene ya, Ana María y José Alfonzo, son los nombres que les pondrán.

—  Es hora de ir a casa y otra cuna preparar, y Gracias dar al Altísimo que su misericordia a los locos quiere dar; y a ti que en algo a la Palencia te parecerás solo que no nos damos cuenta porque lo único que haces es disimular.

—  El autobús lleno está, la Palencia viaja con sus nietos y su hija con su esposo en otro carro van… los frenos le fallan, las luces se apagan, el aceite se derrama y los cauchos lisos están; y el chofer que no se pela una rasca ni siquiera puede espabilar.

—  En esa noche tan oscura que solo los cocuyos podían alumbrar, se rompió la canción encantada, por gritos fúnebres que se dejaron escuchar… pero la Palencia,  que no es tan tonta,  lo que hizo fue clamar a su amigo inefable que en el cielo está, ella sabe; El no la defraudará.

—  Y que creyeron ustedes ¿que esta historia tendría un triste final?, al contrario, cuando Palencia exclamó: -Señor, sabes que no soy loca, solo que me la doy. Y luego que me diste nietos tan lindos, Dios, la locura más grande que siento es el AMOR FRATERNAL.

—  Y como suceden tantas cosas inexplicables, la Palencia y sus nietos ilesos están y como faltaba poco, hasta su casa a pie la Palencia quiso llegar.

—  Y colorín coloran hasta aquí les voy a contar, Palencia que no es tan tonta las oportunidades sabe aprovechar,

—  Una vez cuando fui a La Palencia por los llanos de por allá, ella compartió su historia, porque sabía que algún día, otra Palencia cualquiera como yo; algún día la iba a contar.

—  Y ustedes que no se quedan por fuera, una cuerda de Palencia cualquiera, me iban a escuchar.   

Yelitza García.

La Palencia, 10 de Septiembre de 1996.-

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